Revisando el blog, he visto que hice una entrada con el curioso título de Calendario anual de publicación escrita en 2021. Digo lo de curioso porque mi especialidad no es precisamente la de la organización. Me puse a leerla y, en realidad, las previsiones para ese año no terminaron como yo esperaba.

Este año lo enfoco de una manera muy distinta, una forma en la que sí me reconozco y que se podría resumir en: no tengo nada decidido. Estoy más liado que los cables de unos auriculares en un bolsillo.
Tengo muchas y muy variadas ideas en la cabeza. Proyectos escondidos bajo dos pseudónimos, una continuación de Los Robles que TENGO que escribir y una idea un tanto distinta que QUIERO escribir. Hay más ideas en el tintero, pero no puedo darles sitio a todas ahora mismo.
¿Y cómo encara esto una persona tan desordenada como yo? Pues no tengo ni idea. Supongo que, al igual que en aquella entrada, lo primero que tengo que hacer es dejar un hueco real y posible para ir escribiendo esa secuela que TENGO que escribir. A ver, es una obligación que nadie más que yo me impone, ya que no hay editorial detrás que me empuje, pero es cierto que teniendo toda la trama en la cabeza —final incluido— es lógico que le dé prioridad a esta novela para la que, por cierto, ya tengo portada. Para no pillarme los dedos, creo que intentaré presentarla en las primeras semanas de plazo del Premio Literario Amazon 2024—suele ser en mayo.
¿Y luego?, pues me tocará decidir si arrancar a escribir bajo pseudónimo o lanzarme. Pero bueno, eso ya es problema del Enrique del futuro. El de hoy, el Enrique del presente, se va a sentar un ratito a escribir un poco más sobre Jim Dyson y Tina Foster ya que los tengo en medio de problemas y eso hay que solucionarlo.
Lo dicho, igual que me despedí en la entrada de 2021, me despido hoy: Sea lo que sea lo que me traigan los meses venideros, espero seguir contándolo por aquí.