Maletas vacías

Uno de esos lugares comunes donde nos encontramos los escritores, donde nos reconocemos en los otros, es la idea de ‚Äútener algo que contar‚ÄĚ. En este caso, no hablo solo de novelistas, me refiero tambi√©n a guionistas e incluso a letristas musicales. 

Seguro que todos hemos escuchado esto en muchas entrevistas.

A m√≠, en estos d√≠as en los que me debato entre qu√© proyecto literario definir, me ha entrado una duda muy seria: ¬ŅY si no tengo nada que contar?¬†

Me lo pregunto de verdad. La duda se ha apoderado de mí. Era algo que nunca me había preguntado, como si siempre tuviese algo que decir digno de ser leído. Vaya prepotencia la mía.

Ahora siento que los proyectos que tengo en mente no tienen el fondo que me gustaría que tuvieran. No es que quiera esconder un tratado filosófico o psicológico en cada novela, pero sí creo que las historias tienen que tener cierto peso. Más allá del armazón de la trama, yo entiendo que la novela tiene que tener un anclaje a la vida. Y creo que no lo tienen. Mis proyectos son maletas vacías.

Pueden tener una trama atractiva, incluso alg√ļn p√°rrafo objetivamente bello, quiz√°s alguna met√°fora salvable, pero si est√°n vac√≠as, de nada valen, ni a m√≠ ni a los lectores.

Reconozco que no sé cuánto va a durar este desasosiego. Espero que no dure mucho y que pronto pueda escribir otra entrada donde te cuente que ya me he desprendido de esta idea que me inunda.

Hasta que eso suceda, aqu√≠ me quedo con mis dudas. 

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