Me animé a entrar en esa casa sola a la que nos invita Selva Almada (Entre Ríos, 1973) por la entrevista que le hizo Hinde Pomeraniec en su programa Vidas prestadas (fuente habitual de prescripciones literarias para mí), y el resultado no fue el esperado. (Nótese el recurso de dejar una duda en el aire para que la intriga crezca dentro de usted y continúe leyendo después de deleitarse unos segundos con la bonita imagen de la cubierta)

Al principio, la combinación de una narradora poco habitual (la casa misma) y la prosa poética de Selva Almada te sitúan en el lugar de los hechos con una perspectiva halagüeña. La lectura (en este caso la escucha) resulta esperanzadora y muy agradable. Además, la desaparición de Lucero y su familia hacen que la trama adquiera tintes interesantes. Aporta una dosis de intriga a la obra.
Las historias de la casa y sus habitantes se van sucediendo en capítulos cortos, se va ampliando la familia y el lector (escuchante) se adentra en una dimensión sobrenatural que le embruja. Incluso hay cuadrilla de fantasmas, donde destaca el del agujero en la mejilla, que acompaña a la casa.
Entras en el encantamiento totalmente.
Mas el hechizo duró, para mí, lo que tardaron en aparecer por enésima vez los gurises (empachado acabé de la dichosa palabra).
Algún resorte se accionó en mi cabeza en los tres cuartos de la obra (aproximadamente) y todo me empezó a parecerme repetitivo.
Se acabó para mí la historia. Todo eran ecos de voces que retumbaban en las paredes de la casa, que aparecía ante mí vacía de interés.
Una casa vacía.
También creo que el intento de reflejar la historia de la región (el asesinato de Justo José de Urquizar) pasó a mi través sin pena ni gloria, sin conexión conmigo. Entiendo que, para alguien más cercano al paisaje entrerriano, este paralelismo resultará de lo más provechoso e intenso, pero a mí no me llegó a conmover. De la misma manera que una de las “preguntas centrales” que se afananan los medios por destacar (¿por qué desaparece tanta gente en Argentina?) se me antoja más parte del relato promocional que de la historia misma que nos cuenta la escritora. (No se detengan en la foto, el post no ha terminado todavía)

Por todo esto, la experiencia de escuchar la historia me resultó decepcionante y no puedo hacer más que pedirle al lector de esta opinión que juzgue por sí mismo si la novela merece la pena tanto como nos quieren hacer ver los medios.