Mi cerebro no me sirve

Me siento perdido, a la deriva. Estoy siendo saboteado, lo sé. Y no es una mano negra la que me impide disparar definitivamente mi carrera literaria. Es más sencillo, pero más profundo: Mi cerebro no me sirve. No estoy admitiendo una carencia intelectual —tampoco soy el más listo de mi casa, la verdad—, es simplemente que mi mente no va por el mismo camino que yo. Me siento como el juez de El secreto de sus ojos cuando dice «¡Yo digo A y acá hacen Z!»

Quiero decir que mi cerebro no está a mi disposición, que no me hace ni caso. Se dedica a sabotear mis proyectos y a empantanar las ideas con otras nuevas y con referencias impensables. Así no hay quien termine un proyecto. Yo le digo:

—Venga, vamos a escribir media horita sobre esa idea, la del asesino en serie daltónico.

—¡Anda ya! —me responde él— eso ya está pensado. Haberlo escrito antes, ahora tengo otra cosa.

—Vamos a escribir, venga, que el otro día me dijiste que hoy.

—¡Que no! Mira qué distopía te traigo… un mundo desértico, una hermandad de asesinos que viven enterrados en las dunas…

Y asi podemos estar nuestros diez minutos tranquilamente. Hasta que me convence y empiezo a buscar si eso puede ser cierto. Y veo si hay algo escrito con esa premisa. El tiempo se me echa encima y dejo la premisa y la documentación en la carpeta IDEAS, que a su vez está dentro de DISTOPÍAS, contenida en otra denominada PROYECTOS.

Otro caso: cuando me voy a sentar a leer un rato, por ejemplo, veo que, sin yo quererlo, mi cerebro pone el móvil frente a mi cara y me dice:

—Mira que reel de Instagram, te vas a partir de risa.

Yo trato de oponerme activamente —he puesto limitaciones a ciertas aplicaciones—, pero mi cerebro las ve y se las pasa por el arco del triunfo. Quince minutos más de Instagram…, treinta tuits… y siete hilos de Threads después… se acabó el recreo. El tiempo libre —poco— que tenía se esfuma entre mis manos. Es que no hay manera.

La última ha sido el fin de semana. Situación: salón de casa, después de comer, momento en familia para ver una peli/serie. Pienso que puede ser buena idea, los Bridgerton pueden mostrarme cómo presentar a los personajes o cómo crear tramas poderosas. Lo ponemos y, a los cinco minutos noto que se me empiezan a cerrar los ojos… trato de sobreponerme, pero una dulce vocecilla —mi cerebro, supuse— me decía:

—Te mereces un poco de descanso, no va a ser todo trabaj…

Tres horas después me despierto con el normal abotargamiento propio de las siestas largas. ¡No podía ser! No es que mi cerebro no sirva a mis intereses —que ya sería grave—, es que me pone trabas.

Todavía estoy pensando qué hacer para solucionarlo. No sé si alguien puede ayudarme a recuperar una disciplina que me es esquiva. No sé cómo poner a trabajar a mi cerebro en mi beneficio.

Quizás haya algún canal de YouTube que me enseñe algunos tips para superar la procrastinación. A lo mejor un avispado tikToker me pueda mostrar el camino… No lo sé, voy a bichear un poco las redes sociales, a ver si salgo de este bucle.