Escuchando un audiolibro en la app eBiblio, me di cuenta de un detalle. Es una de esas cosas que suelen pasar desapercibidas. Eso, un detalle. Algo que está ahí, que quizás no brille, pero que en algún momento, no sabes por qué, pasa a ser importante.
El audiolibro en cuestión es El asesino inconformista, de Carlos Bardem. Todavía no lo he terminado, ni esto es una reseña, así que te ahorraré mi opinión (Si la quieres, me escribes o me contactas por RRSS y me explayo). El caso es que, en el segundo (creo) capítulo saltó a mí una descripción de un ritual de uno de los personajes. Era corto pero muy descriptivo. Me gustó esa pausa en la narración, ese enfoque directo. Entonces caí en la cuenta de que yo también incurro en ese tipo de párrafos. Me vino a la cabeza, en especial, uno de mi última novela, N-332.

El párrafo de mi novela reza así:
«Saca su cajita y empieza el ritual. La sagrada ceremonia del cannabis. Se sienta en el suelo con las piernas cruzadas por delante. En el hueco que queda entre las piernas se pone un cojín rojo y abre su caja de las esencias. Con sus finos dedos va sacando cuidadosamente cada ingrediente y los va colocando sobre la blanca oblea alargada de fino papel blanco. Los distribuye y los mezcla a lo largo, luego acopla una boquilla en un extremo y comienza a enrollarlo sobre sí mismo con una destreza fruto de la práctica y de unos dedos ágiles. No precisa de más artilugio que sus manos. Termina la operación haciendo una punta enroscada y coloca con cuidado el resultado en la parte superior de su oreja para poder recoger la aparamenta y dejarla lista para la próxima ocasión. Deja la caja de chapa a su izquierda y procede a encender el canuto.»
Como puedes ver, tampoco es muy extenso.
Entendí entonces que quizás aquel tipo de párrafo, el párrafo ritual, como he dado en llamarlo, era algo muy común. No sé, algo que podía resultar muy atractivo para los escritores. Es como si quisiéramos emular a Proust, supongo, aunque el fin no exactamente el mismo. Cada uno con sus pericia y sus carencias, por supuesto. ¿Será algo psicoanalizable? ¿Será una parte común de nuestra locura? ¿Por qué nos gustan estos párrafos descriptivos?
Con el fin de indagar un poco más en este fenómeno, decidí abrir los libros que tengo en digital y hacer una pequeña búsqueda de la palabra «ritual» en algunos de los títulos.
Más allá de los rituales de los asesinos en serie (no había muchos, pero los había) diré que el párrafo ritual no es tan común como yo me pensaba. Vaya chasco, pensé. Pero no me desanimo, porque es cierto que la simple búsqueda de una palabra no me iba a dar unos resultados muy fiables, aunque yo creí que sí. Sería un poco raro que el autor anunciase tan a las claras su párrafo descriptivo.
Por eso, a partir de ahora, voy a prestar mucha atención a estos párrafos de los que hablo. Me comprometo a poner la lupa en estas descripciones cuidadas de un simple proceso que, seguramente, sea intrascendente en la novela, pero en el que la escritora ha puesto un poquito más de su arte de lo habitual. Ha puesto algo más de corazón. Me comprometo a analizarlos un poco más. Voy a hacerlo, voy a detenerme como el escritor se detuvo al ponerlo sobre el papel.
Tú, especialmente si eres escritor o escritora, seguro que recuerdas alguno de estos párrafos en alguna de tus novelas. ¿Te animas a compartirlo?