Solapando lecturas

En estos días he solapado un par de lecturas muy distintas. Leer un par de libros simultáneamente es algo que suelo hacer. Normalmente leo uno en digital y otro en papel, aunque en el caso que me ocupa he ido leyendo ambos en digital.

Los títulos a los que me refiero son muy distintos, en cuanto a género y en lo que respecta a sus autores.

Uno de ellos es de una reputada periodista argentina que se ha hecho un hueco como articulista en «El país» y en la editorial Tusquets con este libro. Leila Guerriero (Junín, 1967), quizás ya lo habías adivinado, es la autora de «Los suicidas del fin del mundo». Este es un libro de carácter periodístico, una crónica de unos extraños —acaso no tan extraños— suicidios acaecidos en la localidad de Las Heras entre 1997 y 1999. La autora va desenmarañando la vida en este pueblo a través de los testimonios de los familiares y amigos de estos suicidas que se anuncian en el título. Son unos testimonios crudos entre los que Guerriero busca la explicación a esta serie de suicidios de tan diversa índole. Sin duda es un libro duro.

El otro libro al que me refiero es un libro más ligero —si se me permite la expresión—, aunque no por ello menos interesante. Es de un autor de éxito entre los autopublicados y, novela a novela, saga a saga, va haciendo una carrera plagada de éxitos y de personajes carismáticos. Ya sabrás que hablo de Pablo Poveda y de su último libro: «Una mentira letal». Una novela del detective Maldonado.

La novela de Pablo Poveda es una aventura con todos los ingredientes propios de una novela de detectives: amor, dinero, asesinatos… y un protagonista que no pasa por su mejor momento. La maestría con la que Poveda trabaja con estos ingredientes es ya conocida y en cada entrega se va superando.

A pesar de ser dos libros tan distintos he encontrado en ellos un punto de unión: el escenario como elemento importante dentro de la historia. Ambos autores, desde sus particulares estilos, dibujan durante toda la novela un escenario que se va haciendo más importante en cada página.

Las Heras que pinta Guerriero es un escenario que va calando en sus habitantes y los va engullendo, es un pueblo en el que la autora es una extraña, y como tal lo describe. Desde un punto de vista externo. Sin embargo, el Madrid de Poveda es una ciudad retratada por alguien que está en constante contacto con ella. Un enamorado de este escenario: A Poveda le encanta Madrid y a Madrid le gustan los tipos como Poveda. Personajes que la viven y que disfrutan de cada calle y de cada paseo. Me imagino a Pablo paseando por las callejuelas tomando notas para sus libros. Unas notas que impregnan la novela con una autenticidad que no se consigue visitando localizaciones en Google Maps.

Desde esta entrada aprovecho para recomendar encarecidamente ambas lecturas. Son dos libros que atesoran mucha calidad entre sus páginas y que, desde sus respectivos géneros, tan dispares, engrandecen la Literatura.

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