No voy a decir que escuchar un audiolibro sea leer. Pero sí voy a defender que escuchar un audiolibro puede ser una experiencia tan placentera como leer un libro. De hecho, una de mis novelas, La espera, está disponible en formato audiolibro.
Nunca he creído en el formato como valor. Una historia puede ser perfectamente absurda para mí aunque se me presente en una bella forma rectangular encuadernada en tapa dura.
Para mí, lo principal es la historia que hay dentro de ese libro. Partiendo de ahí, puedo decir tranquilamente, sin caer en contradicciones, que me gusta leer libros en formato digital, sin ir más lejos.
Siguiendo con ese hilo, puedo decir que me gusta escuchar audiolibros. Y no creo que puedan quemarme los más puristas de la religión de la Literatura porque no pueden decirme que no es placentero que Josep María Pou te lea en voz alta Moby Dick. No me negarán los radicales que, por ejemplo, se puede degustar el sentido de unos versos recitados para un auditorio.
Después de esto, sí debo decir que no todos los libros empastan de igual manera con el formato audiolibro. Por eso, claro está, cuando hay una narrativa minimalista y poética, con oraciones cortas, descripciones precisas y capítulos muy breves, puedes disfrutar de ella en formato audiolibro perfectamente.
Eso es Seda, de Alessandro Baricco. Una novela corta que explora temas como el deseo, el amor imposible, el viaje, y las diferencias culturales. Una historia que se presta, por su narrativa y su composición, al juego de recitar. Por las repeticiones, por su ritmo musical y por su lenguaje sensorial, es un libro perfecto para ser escuchado.

Si no me crees, compruébalo tú mismo aquí.
Yo lo escuché gracias a la app eBiblio, editado por Anagrama y narrado por Francesc Góngora.