La vida bisiesta

Si la vida es del color del cristal con el que se mire, el 29 de febrero son unas gafas de esas que te pueden hacer de la izquierda, derecha; y de un día soleado, uno completamente nublado. 

El día bisiesto es un regalo envenenado. Igual lo puedes ver medio lleno —de veneno— que medio vacío. Si eres optimista pensarás que el calendario te da un día más para celebrar la vida; un día más en el que hacer el amor con tu pareja. Ahora, si te pones pesimista… Si te pones así entenderás que muy probablemente el 29 de febrero perderás una buena ocasión —otra más— de escribir ese capítulo que te es esquivo o comprenderás que este año vas a trabajar un día más. 

El día bisiesto puede volverse siniestro. 

En realidad, nadie te regala nada. Esta no es una frase de sabio chino, simplemente es que el calendario no te está dando un día más, pero sí nos da una oportunidad pintiparada para escribir una entrada histórica —memorable—, que no podrás escribir hasta dentro de cuatro años. Por eso, no podía dejar pasar esta ocasión. Por eso tenía que escribir esta entrada. Claro, que visto con esas gafas que son el 29 de febrero, quizás he desperdiciado una bonita oportunidad —otra más—de escribir una gloriosa entrada. 

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