El acto publicitario más grande del sector editorial español ha tenido lugar esta semana. Barcelona acogió la gala de entrega del cada vez menos prestigioso Premio Planeta.

Como cualquier acto publicitario, su fin es conseguir que el público sepa que esto ha ocurrido y hacer ver que tiene una relevancia real más allá de la fachada. Dadas las circunstancias organizativas del evento (gran grupo mediático y literario) y la inversión económica efectuada, se puede decir que la primera parte del objetivo está cumplida. Un millón de euros de dotación y la resonancia en los medios del grupo (Atresmedia) garantizan horas y horas de difusión y alcance. Tanto es así que incluso este humilde blog se hace eco de ello.
Me imagino a los artífices publicitarios de la hazaña cenando un plato combinado de huevos fritos con patatas y butifarra en un bar del centro de Barcelona como si fueran el equipo de Tommy Lee Jones de los US Marshalls. Cumplido ya el trabajo sucio, la cámara sale del local mientras ellos ríen un chiste del jefe y se dirige a la acera de enfrente, donde pasean por la alfombra roja los distinguidos invitados a la cena de gala. Desde sus majestades hasta una pequeña (físicamente) escritora chilena de colorido pelo que a esas alturas pocos saben que va a ser nombrada ganadora del Premio Planeta. También estaba en esa alfombra, quién sabe si pasó por ella, el finalista del Premio (dotado con doscientos mil euros, nada menos) sobre el que ciertamente se posarán menos miradas. Sergio Hernández, que así se llama el autor, tiene ante sí la difícil tarea de dar visibilidad a su novela (La añoranza) en los programas de la casa. Quizás, si tiene suerte, su agente logra que haga la promoción junto a la ganadora. Es posible que tengan alguna graciosa pregunta en el Hormiguero para él o que algún tertuliano de Susanna Griso le haga la pelota con una frase que haga creer que ha leído su libro. De Sonsoles (Y ahora Sonsoles) no espero esa gracia, ya que me imagino que querrá un cara a cara con Isabel Allende, de la que se proclamará ferviente admiradora y de la que dirá que es una de esas escritoras que le inspiró a la hora de comenzar a escribir. No perderá ocasión de recordar que ella también ganó el galardón y reirá con alborozo las ocurrencias de la invitada. Quizás sería bueno ver la entrevista, aunque sea solo para saber si hablan del IVA de los libros.
Vuelvo al bueno de Sergio Hernández, que tendrá como fin colocar tres veces el título de su novela (dogma publicitario que conocen bien los ciclistas) en cualquiera de sus apariciones. Sin duda, su parte es la más difícil. Aparecerá, en el mejor de los casos, como comparsa —y acaso la llevará del brazo— de la octogenaria escritora que, “quién se lo iba a decir a sus años”, iba a recibir tan prestigioso galardón con una segunda parte. Ni El Padrino, oiga.
Aquí es donde queríamos llegar, a la segunda parte del fin del Premio Planeta: El prestigio literario.
Nadie se cree ya que el Premio Planeta sea algo más que un artificio publicitario de primer orden. El certamen, en lo que toca a lo literario, queda relegado a colocar un libro como el más vendido de estas Navidades. No se le escapa a nadie tampoco la falta de honradez de los organizadores y cuesta creer que las más de mil cuatrocientas personas que han presentado su obra pensaran honestamente que tenían opciones de hacerse con el premio.
Dicho todo esto, me surge la pregunta: ¿Le merece la pena al Grupo Planeta un desprestigio de tal magnitud?
Son muchas las personas que se burlan, con razón, de lo que pudo ser esa apertura de la plica con el nombre de Isabel Allende, o con la cara de asombro de los lectores del jurado cuando empezaran a descubrir que la obra compartía personajes con aquella célebre casa de los espíritus de hace cuatro décadas.
¿Le merece la pena a Planeta esta pérdida de crédito?
La respuesta rápida es que sí, dado que no hacen nada por remediar esta burla desmedida hacia las obras y autores ganadores. Aún resuenan las reseñas de la obra de Juan del Val o de la mencionada ya Sonsoles Ónega.
No se preocupan lo más mínimo en hacer el certamen más honesto.
Quizás, también sería interesante poner el foco en el jurado del Premio y en conocer qué opinan del galardón y cómo son los mecanismos que llevan a dar el fallo. Me pregunto si no sería mucho más interesante una entrevista con ellos que con la dupla de escritores Isabel Allende-Sergio Hernández. Supongo que nunca veremos tal reportaje ni tales entrevistas a los miembros del jurado. ¿Quién va a hacerlo, el programa de Gloria Serra?
Quizás, dentro de veinte años alguien se digne a explicarnos los entresijos de este artificio publicitario disfrazado de premio literario.